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lunes, 28 de septiembre de 2026

Tecnología

Singapur: el alto costo de poseer un automóvil como estatus social

En Singapur, el acceso a un vehículo particular es un símbolo de estatus extremo debido al sistema de certificados de derecho de propiedad.

Redacción Enviado Especial
Foto: xataka.com.mx

En Singapur, poseer un automóvil, independientemente de su antigüedad o modelo, se ha consolidado como el indicador definitivo de estatus social y riqueza. A diferencia de otras metrópolis globales, el verdadero lujo en esta ciudad-estado no es conducir un deportivo de alta gama, sino simplemente tener el derecho legal de circular por las calles, un privilegio que alcanza precios exorbitantes debido a políticas de control vehicular implementadas desde 1990.

El eje central de esta política es el Certificado de Derecho de Propiedad (COE, por sus siglas en inglés). Este mecanismo fue diseñado por las autoridades locales para limitar estrictamente el número total de vehículos en circulación, utilizando un sistema de cuotas que obliga a los interesados a participar en procesos de licitación pública donde el costo del permiso puede llegar a superar el valor comercial del propio vehículo.

Para el ciudadano promedio, el costo de obtener este certificado, sumado a los impuestos de registro y mantenimiento, transforma la posesión de un coche en un activo financiero de alto valor. Esta estrategia ha logrado que el transporte público sea la columna vertebral de la movilidad, dejando el automóvil particular como un bien exclusivo reservado para aquellos con una capacidad económica excepcional, alejándose de la percepción del vehículo como una necesidad básica.

Este modelo de gestión urbana ha permitido a Singapur mantener una fluidez vehicular envidiable a pesar de su limitada superficie territorial. Mientras que en muchas ciudades del mundo el parque vehicular crece sin control, aquí la restricción administrativa actúa como un filtro social y económico, dictando quién puede acceder a la propiedad privada sobre ruedas y quién debe optar por la eficiencia de la infraestructura pública.

El sistema continúa siendo un tema de debate sobre la equidad en el acceso a la movilidad urbana. Sin embargo, para la élite singapurense, el vehículo viejo o nuevo en la cochera sigue siendo la señal definitiva de haber alcanzado una posición económica que muy pocos pueden costear en el día a día.

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